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Por nachoblaco@hotmail.com
No quiero prender la luz.
Ella no está y yo pienso con crueldad, que algún “amigo” la llevó a tomar algo, y la acompañó luego a tomar un taxi, y se estaban por despedir, y el la sujetó un segundo más de lo debido.
Entonces yo doy vueltas en la cama, me incorporo con dificultad y me siento encorvado en el borde, entre chuchos de frío y sudor premortuorio.
Y me pongo las pantuflas un pullover enroscado en el cuello y me voy arrastrando a mi caja de recuerdos, y me revuelvo de dolor viendo fotos viejas, (es como un masoquismo de nostalgia)
E intento llorar y fracaso nuevamente y me voy hasta el baño, temiendo caer muerto o aplastado por mi cabeza que pesa cada vez más y meo dos o tres gotas (porque tengo incontinencia urinaria)
y me miro al espejo demacrado me avergüenzo de mi ridiculez, y me imagino como un payaso en su camarín, después de la última función y pienso si mi viejo tendrá todavía ese revólver en su mesita de luz..
Y vuelvo a pensar en ese “amigo” si le estará diciendo : “quedate un rato más…te invito una cerveza” y el único, triste y lamentable consuelo de un cigarrillo es lo más real de esta imagen:
de un lado hay humo y del otro un fantasma.
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